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La diferencia entre explicar y convencer

Explicar y convencer: una diferencia esencial en psicología forense

La intervención de un perito tiene inevitablemente un efecto sobre quien escucha. Un informe claro puede hacer que una determinada interpretación resulte más comprensible y una buena ratificación puede aumentar la confianza en el razonamiento presentado. Sin embargo, existe una diferencia importante entre explicar y convencer.

El objetivo del perito no debería ser conseguir que el tribunal acepte una conclusión. Su función consiste en proporcionar conocimiento especializado, mostrar cómo se ha obtenido y delimitar hasta dónde permite llegar la evidencia disponible.

La diferencia puede parecer sutil porque una explicación sólida puede resultar persuasiva precisamente por estar bien fundamentada. El problema aparece cuando la intención de convencer empieza a modificar la forma en que se seleccionan, presentan o interpretan los datos.

En ese momento, el perito corre el riesgo de pasar de experto a defensor de una determinada versión.

Explicar significa hacer visible el razonamiento

Una buena explicación permite reconstruir el camino entre los datos y la conclusión.

No basta con afirmar que una hipótesis es la más adecuada. El profesional debería mostrar qué información ha utilizado, cómo la ha interpretado y por qué determinadas alternativas reciben más o menos apoyo.

Por tanto, explicar implica hacer visibles aspectos como:

  • las fuentes utilizadas;
  • los resultados obtenidos;
  • las inferencias realizadas;
  • las hipótesis alternativas;
  • las limitaciones;
  • y el grado de certeza de la conclusión.

El tribunal no debería tener que aceptar una afirmación porque procede de un experto. Debería disponer de suficiente información para comprender por qué ese experto la sostiene.

La autoridad profesional puede respaldar la competencia del perito, pero no sustituye la explicación.

Convencer introduce un objetivo diferente

Convencer implica orientar la comunicación hacia un resultado: lograr que otra persona adopte una determinada conclusión.

En otros contextos esto puede ser perfectamente legítimo. Un abogado, por ejemplo, desarrolla una estrategia argumentativa dentro de su función profesional.

El perito ocupa una posición distinta.

Si comienza a pensar principalmente en cómo conseguir que su conclusión resulte convincente, puede aparecer una tendencia a:

  • enfatizar los datos favorables;
  • reducir la visibilidad de las limitaciones;
  • minimizar explicaciones alternativas;
  • utilizar un lenguaje más categórico;
  • o presentar la incertidumbre como una debilidad.

El problema no es que la conclusión resulte convincente.

El problema es construir la exposición con el objetivo de que lo sea.

La selección de información puede cambiar

La diferencia entre explicar y convencer puede observarse en qué información se presenta.

Una explicación técnica debería incluir tanto aquello que sostiene la hipótesis como los elementos que limitan su alcance.

Una exposición persuasiva puede funcionar de otra manera. Los datos favorables reciben más espacio, mientras que las contradicciones aparecen resumidas o acompañadas inmediatamente de una justificación.

Por ejemplo, si existen cinco elementos compatibles con una hipótesis y dos que la debilitan, una presentación equilibrada debería permitir conocer ambos grupos.

No significa otorgarles necesariamente el mismo peso.

Significa explicar por qué reciben pesos diferentes.

La neutralidad no consiste en fingir que toda evidencia tiene idéntico valor, sino en evitar que su importancia dependa de si favorece o perjudica la conclusión preferida.

El lenguaje puede pasar de descriptivo a persuasivo

La elección de palabras también importa.

No es lo mismo afirmar:

“los resultados aportan apoyo a esta hipótesis”

que:

“los resultados demuestran claramente esta hipótesis”.

Tampoco es igual decir:

“no se identificaron datos suficientes para sostener la alternativa”

que:

“la alternativa carece completamente de fundamento”.

Las formulaciones categóricas pueden generar una impresión de mayor certeza, aunque la evidencia no haya cambiado.

Algunas expresiones deberían utilizarse con especial cuidado:

  • “indudablemente”;
  • “evidentemente”;
  • “queda demostrado”;
  • “sin ninguna duda”;
  • “es incuestionable”.

La fuerza lingüística debería corresponderse con la fuerza real de los datos.

La contundencia no sustituye la fundamentación

Una conclusión puede pronunciarse con enorme seguridad y seguir siendo metodológicamente débil.

La confianza del profesional, su experiencia o su capacidad comunicativa no constituyen evidencia adicional sobre el caso.

Por ello, ante una pregunta difícil, aumentar la contundencia de la respuesta no fortalece necesariamente la pericial.

Puede ser más sólido decir:

“los datos apoyan esta interpretación, aunque no permiten excluir completamente esta otra posibilidad”

que intentar presentar una conclusión probabilística como certeza.

La precisión suele ser más útil que la contundencia.

La persuasión puede ocultarse detrás del lenguaje técnico

La comunicación persuasiva no siempre adopta una forma emocional. También puede aparecer mediante tecnicismos.

Una explicación muy compleja puede generar una sensación de autoridad incluso cuando la relación entre los datos y la conclusión no está clara.

Conceptos especializados, puntuaciones, diagnósticos y referencias metodológicas pueden ser necesarios. Sin embargo, su presencia no debería impedir responder preguntas básicas:

¿Qué demuestra realmente este dato?

¿Qué otras explicaciones admite?

¿Qué limitaciones tiene?

¿Cómo contribuye a la conclusión?

Si el lenguaje técnico aumenta la impresión de certeza sin hacer más comprensible el razonamiento, deja de cumplir su función principal.

El riesgo de defender la conclusión como propia

Después de elaborar un informe, el profesional puede desarrollar cierto compromiso con sus conclusiones.

Durante la ratificación, las preguntas críticas pueden sentirse como cuestionamientos de su competencia.

Entonces aparece un cambio sutil: en lugar de explicar la evaluación, el perito empieza a defenderla.

Esto puede favorecer respuestas como:

  • justificar inmediatamente cualquier contradicción;
  • rechazar alternativas sin analizarlas;
  • evitar reconocer limitaciones;
  • o mantener una afirmación simplemente porque ya fue escrita.

Sin embargo, revisar una conclusión ante nueva información no supone necesariamente falta de competencia.

La capacidad para corregir o matizar forma parte del razonamiento técnico.

Reconocer una alternativa no significa conceder la conclusión

Uno de los temores que puede favorecer una comunicación persuasiva es pensar que admitir una explicación alternativa debilita automáticamente el informe.

No necesariamente.

El perito puede reconocer que existen varias posibilidades y explicar por qué una recibe mayor apoyo.

Por ejemplo:

“Esta conducta puede aparecer en diferentes contextos. En este caso se consideró esta explicación debido a estos tres elementos, aunque el indicador por sí solo no permite establecerla”.

Esta formulación muestra el razonamiento sin presentar el dato como más específico de lo que realmente es.

La existencia de alternativas no elimina el valor de una hipótesis.

Obliga a justificarla mejor.

Las limitaciones forman parte de la explicación

Cuando el objetivo es convencer, las limitaciones pueden percibirse como obstáculos.

Cuando el objetivo es explicar, son información.

Una prueba puede tener buena utilidad y, al mismo tiempo, no permitir establecer causalidad. Una entrevista puede aportar información relevante y estar condicionada por el tiempo transcurrido. Una conclusión puede estar razonablemente apoyada sin alcanzar certeza absoluta.

Explicar estas limitaciones permite al tribunal interpretar correctamente los resultados.

Ocultarlas o reducirlas para hacer más fuerte la conclusión genera una precisión aparente que los datos quizá no sostengan.

El perito no necesita competir con el contrainterrogatorio

Durante la ratificación puede aparecer una dinámica especialmente propicia para intentar convencer.

Las preguntas de una de las partes pueden cuestionar directamente la metodología o las conclusiones. Ante ello, el profesional puede entrar en una lógica de confrontación.

Sin embargo, su función no consiste en ganar el intercambio.

Ante una crítica metodológica, debería explicar:

  1. qué procedimiento utilizó;
  2. por qué lo utilizó;
  3. qué limitaciones reconoce;
  4. y cómo afecta todo ello a la conclusión.

Si la crítica es correcta, puede reconocerla. Si considera que no lo es, puede explicar técnicamente por qué.

La fuerza de la respuesta debería proceder del razonamiento, no de la confrontación.

Explicar también implica saber decir “no sé”

Una respuesta puede resultar menos persuasiva y, sin embargo, ser técnicamente mejor.

Decir:

“no puedo determinarlo con esta evaluación”

“no dispongo de información suficiente”

o

“esa cuestión excede el alcance de mis datos”

puede parecer menos contundente que ofrecer una explicación inmediata.

Sin embargo, estas respuestas delimitan correctamente el conocimiento disponible.

Un perito que necesita tener respuesta para todo corre mayor riesgo de realizar inferencias que van más allá de la evaluación.

La competencia profesional incluye reconocer aquello que no puede saberse.

La estructura de la respuesta puede reducir el componente persuasivo

Una forma sencilla de mantener el foco técnico consiste en estructurar las respuestas en tres niveles:

  • Dato: qué se encontró.
  • Interpretación: qué significado puede tener.
  • Límite: qué no permite concluir.

Por ejemplo:

“Se observa una puntuación elevada de ansiedad. Esto indica presencia relevante de sintomatología ansiosa en la evaluación. Sin embargo, esa puntuación por sí sola no permite establecer cuál es su causa”.

La respuesta sigue siendo clara, pero evita transformar el resultado en una conclusión más amplia.

Esta estructura también facilita que el tribunal distinga evidencia e inferencia.

Cuando una explicación sólida termina siendo convincente

Evitar una finalidad persuasiva no significa que el perito deba expresarse de manera insegura.

Una evaluación metodológicamente sólida puede resultar muy convincente.

La diferencia está en el origen de esa fuerza.

Una conclusión debería resultar convincente porque:

  • los datos están bien identificados;
  • el procedimiento es adecuado;
  • las inferencias son comprensibles;
  • las alternativas se han considerado;
  • y las limitaciones están claramente expuestas.

No porque el profesional haya utilizado recursos destinados a hacerla parecer más segura.

La persuasión puede ser una consecuencia de una buena explicación.

No debería convertirse en su objetivo.

Señales de que explicar está convirtiéndose en convencer

Algunas señales pueden ayudar al profesional a revisar su propia comunicación:

  • ¿estoy evitando mencionar una limitación porque debilita mi conclusión?;
  • ¿estoy utilizando palabras más categóricas que en el informe?;
  • ¿trato los datos contradictorios con un estándar diferente?;
  • ¿me preocupa más defender mi conclusión que explicar cómo llegué a ella?;
  • ¿estoy respondiendo como experto o como parte del conflicto?

Estas preguntas no eliminan automáticamente los sesgos, pero permiten detectar cuándo la función pericial comienza a desplazarse.

La fuerza del perito está en explicar

La diferencia entre explicar y convencer no consiste en que una intervención pericial deba resultar neutral hasta el punto de no formular conclusiones. El perito puede alcanzar una interpretación clara y defender técnicamente por qué considera que está mejor respaldada.

La diferencia está en el objetivo y en el procedimiento.

Explicar significa mostrar los datos, hacer visible el razonamiento, reconocer las alternativas y delimitar las conclusiones. Convencer introduce el riesgo de seleccionar, enfatizar o reformular la información para conseguir que una interpretación resulte aceptada.

En psicología forense, el profesional no debería necesitar que el tribunal crea en su conclusión por su autoridad, seguridad o capacidad retórica.

Debería proporcionar los elementos necesarios para que pueda comprender cómo se ha construido.

La mejor comunicación pericial no obliga al tribunal a aceptar una conclusión.

Le permite entender exactamente por qué el perito ha llegado a ella y cuánto puede sostenerse con la evidencia disponible.

Contacta para solicitar una evaluación psicológica forense ajustada a criterios objetivos, técnicos y clínicamente fiables.

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