Defender un informe no significa protegerlo de cualquier crítica
En psicología forense, acudir a juicio para ratificar un informe no debería entenderse como una tarea de defensa personal del trabajo realizado. Sin embargo, la propia dinámica de la vista puede favorecer exactamente esa sensación. Cuando una de las partes cuestiona la metodología, una conclusión o una interpretación, el profesional puede percibir que también se está poniendo en duda su competencia.
Ahí aparece uno de los principales riesgos al defender un informe: pasar de explicar técnicamente el trabajo a intentar protegerlo frente a cualquier objeción.
La diferencia es importante. Un informe sólido debería poder ser preguntado, revisado y discutido. El perito no necesita demostrar que cada frase escrita es perfecta ni que todas sus conclusiones son imposibles de cuestionar.
Su función consiste en explicar qué hizo, por qué lo hizo, qué datos obtuvo y hasta dónde permiten llegar.
No convertir cada pregunta en un ataque
Durante un contrainterrogatorio, algunas preguntas pueden formularse de manera insistente o crítica. Aun así, responder como si cada una constituyera un ataque personal suele ser poco útil.
Una actitud defensiva puede manifestarse mediante:
- interrupciones;
- respuestas excesivamente rápidas;
- tono confrontativo;
- ironía;
- justificaciones innecesariamente largas;
- o intentos constantes de corregir al abogado antes de escuchar la pregunta completa.
Esto desplaza la atención desde el contenido técnico hacia la interacción.
Además, puede llevar al perito a responder desde la necesidad de defenderse, no desde el análisis.
La pregunta relevante no debería ser “¿cómo evito que cuestionen mi informe?”, sino “¿qué información técnica permite responder correctamente a esto?”.
No intentar demostrar que el informe no tiene ninguna debilidad
Todo informe tiene límites.
Puede haber información que no estuvo disponible, instrumentos con un alcance concreto, hipótesis que no pueden descartarse por completo o conclusiones que dependen de determinados supuestos.
Intentar presentar la evaluación como libre de cualquier limitación puede hacerla menos creíble.
Por ejemplo, ante la identificación de una carencia metodológica real, una respuesta como:
“eso no afecta absolutamente en nada”
puede resultar más problemática que reconocer con precisión cuál es su impacto.
En ocasiones, una formulación más sólida sería:
“es una limitación del procedimiento, aunque considero que su efecto sobre esta conclusión concreta es reducido por estos motivos”.
Reconocer una limitación no equivale a invalidar el informe.
No justificar automáticamente cada elemento cuestionado
Otro error frecuente al defender un informe consiste en buscar inmediatamente una explicación para cualquier dato contrario.
Si aparece una inconsistencia, se justifica. Si falta un dato esperado, se explica su ausencia. Si una prueba no coincide con la hipótesis, se redefine su importancia.
Este patrón puede terminar generando una evaluación que parece capaz de absorber cualquier resultado.
En cambio, algunos datos deberían tener consecuencias reales sobre la interpretación.
El perito debería poder distinguir entre:
- elementos compatibles;
- elementos neutros;
- datos contradictorios;
- y limitaciones que reducen la fuerza de una conclusión.
No todo necesita ser convertido en apoyo.
No confundir una pregunta difícil con una pregunta incorrecta
Una pregunta puede ser incómoda y, al mismo tiempo, estar bien planteada.
Por ejemplo:
“¿qué dato podría haberle llevado a una conclusión diferente?”
“¿por qué descartó esta hipótesis?”
“¿esta prueba permite establecer causalidad?”
“¿evaluó directamente a esa persona?”
Estas preguntas pueden obligar al profesional a revisar el alcance de su razonamiento.
Responder calificándolas de irrelevantes sin explicar por qué puede transmitir la impresión de que se evita el análisis.
Si existe una respuesta técnica, conviene ofrecerla.
Si la pregunta parte de una premisa incorrecta, puede aclararse de forma sencilla antes de continuar.

No ampliar la conclusión para que parezca más sólida
Una de las formas más claras de debilitar una ratificación consiste en hacer que la conclusión oral sea más fuerte que la escrita.
El informe puede indicar que unos resultados “apoyan” una hipótesis, mientras que durante el juicio se afirma que “la confirman”.
También puede decirse que algo “es compatible” y posteriormente presentarlo como “demostrado”.
Este desplazamiento suele aparecer cuando el profesional intenta responder con mayor contundencia.
Sin embargo, una conclusión no gana calidad porque se formule de manera más categórica.
Si el grado de certeza del informe era limitado, debería mantenerse también durante la declaración.
No repetir “eso está en mi informe” como respuesta
El informe es la base de la ratificación, pero remitir constantemente a él no sustituye la explicación.
Ante una pregunta metodológica, responder únicamente:
“eso ya está explicado en el informe”
puede resultar insuficiente.
El tribunal necesita comprender la respuesta en ese momento.
Por supuesto, puede hacerse referencia al documento cuando sea necesario, pero el perito debería ser capaz de explicar con sus propias palabras qué significa lo que escribió.
Una ratificación no consiste en leer o señalar el informe.
Consiste en hacer comprensible su razonamiento.
No memorizar fórmulas cerradas
Preparar la declaración resulta útil. Memorizar respuestas rígidas puede no serlo.
Una respuesta demasiado ensayada puede funcionar mientras las preguntas coinciden con lo previsto. Sin embargo, ante una formulación distinta puede generar confusión o llevar a contestar algo que no se ha preguntado.
Es preferible comprender profundamente:
- la metodología;
- las conclusiones;
- sus fundamentos;
- las limitaciones;
- y las principales alternativas.
De este modo, el profesional puede adaptar la explicación sin modificar el contenido técnico.
La preparación debería aumentar la flexibilidad, no reducirla.
No defender una frase que se formuló mal
Puede ocurrir que, al revisar una expresión concreta durante el juicio, el perito advierta que podría haberse escrito mejor.
La reacción defensiva consiste en intentar justificar cada palabra.
Sin embargo, si una formulación es excesivamente amplia, ambigua o poco precisa, reconocerlo puede ser la mejor opción.
Por ejemplo:
“esa frase podría haberse delimitado mejor; lo que pretendía expresar es…”
Esta respuesta diferencia entre un problema de redacción y un problema de razonamiento.
Insistir en una expresión poco defendible puede terminar generando dudas sobre aspectos mucho más importantes del informe.
No utilizar la experiencia como escudo
Ante una crítica, una respuesta como “llevo muchos años haciendo esto” puede sonar firme, pero aporta poca información sobre el caso concreto.
La experiencia profesional puede explicar cómo se generan hipótesis o por qué se seleccionó determinado procedimiento.
No debería utilizarse para cerrar una discusión metodológica.
La pregunta relevante sigue siendo:
¿qué datos de este caso respaldan esta interpretación?
Un profesional con mucha experiencia también necesita justificar sus inferencias.
No responder más allá de lo que se evaluó
En sala pueden aparecer preguntas sobre cuestiones cercanas al objeto pericial, pero no realmente evaluadas.
Por ejemplo, puede pedirse una opinión sobre:
- la intencionalidad de una conducta;
- una persona no examinada;
- un periodo no estudiado;
- una capacidad distinta de la evaluada;
- o un hecho jurídico.
Intentar responder para parecer útil puede generar extrapolaciones difíciles de sostener.
En estos casos, decir “eso no fue objeto de mi evaluación” puede ser precisamente la respuesta más técnica.
La utilidad del perito no depende de tener una opinión sobre todo.
No convertir una hipótesis alternativa en una amenaza
Una hipótesis alternativa no debería percibirse como un intento de destruir la pericial.
Su análisis forma parte del propio método.
Si durante el juicio se propone otra explicación, el profesional puede examinarla preguntándose:
- ¿fue considerada?;
- ¿qué datos la apoyan?;
- ¿qué datos la contradicen?;
- ¿cambiaría la conclusión?;
- ¿qué información faltaría para valorarla mejor?
Responder simplemente que “no tiene sentido” puede ser insuficiente.
Incluso cuando la alternativa parece poco probable, conviene explicar por qué.
No minimizar automáticamente las contradicciones
Una contradicción no necesariamente invalida una conclusión. Tampoco debería desaparecer mediante una explicación rápida.
Por ejemplo, si un documento contiene información incompatible con parte de la formulación pericial, la respuesta debería abordar directamente ese dato.
Puede explicarse que se consideró poco fiable, que tenía un peso limitado o que se interpretó dentro de un contexto concreto.
Lo importante es hacer visible ese razonamiento.
Decir únicamente que “no es relevante” sin justificarlo puede transmitir que los datos contrarios reciben un tratamiento diferente.
No intentar ganar el interrogatorio
El juicio puede generar una dinámica competitiva. Pregunta, respuesta, objeción, nueva pregunta.
Sin embargo, el perito no necesita “ganar” ese intercambio.
No tiene que lograr que el abogado abandone una línea de preguntas ni demostrar superioridad técnica.
El objetivo debería ser mantener respuestas:
- comprensibles;
- coherentes;
- proporcionales a la evidencia;
- y centradas en el objeto pericial.
Una respuesta breve y limitada puede ser mejor que una intervención brillante pero innecesariamente combativa.
No confundir firmeza con rigidez
El profesional puede mantener una conclusión incluso después de recibir preguntas críticas.
Eso no implica rigidez si puede explicar por qué los nuevos argumentos no modifican su valoración.
La rigidez aparece cuando ninguna información parece capaz de cambiar nada.
Una posición técnicamente firme podría expresarse así:
“he considerado ese elemento, pero no modifica mi conclusión por estas razones”.
En cambio, una postura rígida sería rechazar cualquier posible impacto sin analizarlo.
La firmeza se apoya en el razonamiento.
La rigidez protege una conclusión.
No ocultar la incertidumbre
Durante el juicio, admitir incertidumbre puede sentirse arriesgado.
Sin embargo, la psicología forense no permite responder con certeza absoluta a todas las cuestiones.
Cuando los datos permiten una conclusión probabilística, la declaración debería reflejarlo.
Frases como:
“la evidencia disponible apoya…”
“no puede descartarse completamente…”
“estos resultados son compatibles con…”
“no es posible establecerlo únicamente con estos datos…”
pueden ser técnicamente más precisas que una afirmación rotunda.
La incertidumbre bien delimitada no resta valor.
Evita atribuir a la evaluación una capacidad que no tiene.
No permitir que la presión modifique el estándar
El mismo dato no debería interpretarse de manera diferente dependiendo de quién haga la pregunta.
Si una contradicción se considera importante cuando perjudica una hipótesis alternativa, debería aplicarse un criterio comparable cuando afecta a la propia conclusión.
Del mismo modo, si se exige determinada calidad documental a una fuente contraria, conviene utilizar un estándar similar para las fuentes favorables.
La consistencia metodológica debería mantenerse incluso bajo presión.
Precisamente ahí se vuelve más visible.
Cómo responder sin “defender” el informe
Una ratificación técnicamente sólida puede apoyarse en una estructura sencilla:
Primero, responder a la pregunta.
Sin rodeos innecesarios.
Después, explicar el fundamento.
Qué datos o criterios sostienen la respuesta.
Finalmente, indicar el límite.
Qué no puede concluirse o qué incertidumbre permanece.
Por ejemplo:
“Sí, esa hipótesis fue considerada. Recibió menos apoyo porque los datos A y B no eran compatibles con ella. Sin embargo, no puede excluirse de forma absoluta con la información disponible”.
La respuesta mantiene la conclusión sin convertirla en una defensa cerrada.
El informe debería poder sobrevivir a una corrección
Una característica importante de una evaluación sólida es que no dependa de que cada elemento sea perfecto.
Puede corregirse una frase, matizar una interpretación o reconocer una limitación sin que necesariamente desaparezca toda la conclusión.
Cuando el profesional siente que admitir cualquier problema hará caer el informe completo, existe una fuerte presión para defenderlo todo.
Sin embargo, una metodología robusta debería permitir distinguir qué aspectos son centrales y cuáles secundarios.
Una corrección concreta no debería convertirse automáticamente en una amenaza global.
El perito no está en juicio
Saber cómo no defender un informe implica recordar cuál es la función del profesional durante la ratificación.
No se trata de proteger cada frase, ganar discusiones o impedir que aparezcan limitaciones. Tampoco de convencer al tribunal de que la evaluación es incuestionable.
El objetivo es explicar con precisión qué se hizo, qué se encontró y cómo se llegó a las conclusiones.
Si una crítica es válida, puede reconocerse. Si una alternativa no resulta suficientemente apoyada, puede explicarse. Si una pregunta supera el alcance de la evaluación, puede delimitarse.
Una buena ratificación no convierte al perito en defensor de su propio informe.
Lo mantiene como analista de la evidencia.
Y esa diferencia resulta esencial para conservar la independencia, la claridad y la utilidad técnica de la intervención pericial.

