Sugestión no intencional: influir sin pretender hacerlo
La sugestión no intencional del adulto constituye una de las dificultades más relevantes en la evaluación forense de menores. En muchas ocasiones, la influencia sobre el relato infantil no surge de una voluntad consciente de manipular, introducir información falsa o dirigir una declaración. Puede aparecer durante conversaciones aparentemente espontáneas, intentos de protección o preguntas formuladas con la intención de comprender qué ha ocurrido.
El adulto puede actuar convencido de que está facilitando la comunicación del menor y, aun así, condicionar la forma en que este recuerda, organiza o expresa la experiencia.
Esto sucede porque la comunicación nunca es completamente neutra. Las palabras elegidas, el tono de voz, las reacciones emocionales, la repetición de preguntas y las expectativas previas transmiten información sobre qué respuestas parecen importantes, aceptables o esperadas.
Por ello, detectar influencia no equivale a afirmar que el adulto ha mentido ni que el menor ha fabricado deliberadamente su relato. El análisis forense debe centrarse en cómo se obtuvo la información y qué efectos pudo tener ese proceso sobre su contenido.
La vulnerabilidad del relato infantil a la interacción
Los menores no participan en las conversaciones del mismo modo que los adultos. Su respuesta puede depender especialmente de la autoridad percibida, del deseo de agradar, de la necesidad de reducir la incertidumbre y de la interpretación que hacen de las expectativas del interlocutor.
Cuando un adulto formula una pregunta, el menor puede asumir que existe una respuesta correcta que debe encontrar.
Esta dinámica resulta especialmente relevante cuando:
- la pregunta se repite varias veces;
- el adulto parece insatisfecho con la primera respuesta;
- se sugieren opciones concretas;
- se refuerzan determinadas contestaciones;
- o se transmite preocupación antes de que el menor haya explicado lo ocurrido.
La influencia no tiene que ser intensa ni evidente para producir efectos. Pequeñas señales pueden orientar progresivamente la narrativa.
La intención protectora no elimina la influencia
Uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que un adulto protector o preocupado no puede influir de manera problemática en el relato.
Sin embargo, la buena intención no garantiza neutralidad.
Un progenitor, familiar, docente o profesional puede formular preguntas dirigidas porque considera urgente aclarar una situación. También puede interpretar silencios, cambios conductuales o frases ambiguas desde una hipótesis previa y comenzar a explorarla de manera insistente.
En ocasiones, el adulto intenta demostrar al menor que puede hablar con seguridad. Para ello, puede adelantar posibles explicaciones, nombrar conductas concretas o asegurar que ya sabe qué ha ocurrido.
Aunque estas intervenciones busquen reducir el miedo, también pueden introducir información que posteriormente aparezca integrada en el relato.
Desde una perspectiva forense, lo importante no es juzgar moralmente al adulto, sino analizar el posible efecto de sus intervenciones.
Preguntas que contienen la respuesta
Las preguntas cerradas o sugestivas pueden limitar las alternativas disponibles para el menor.
No es equivalente preguntar “¿qué pasó?” que preguntar “¿te hizo daño cuando estabais solos?”. En el segundo caso, la pregunta incorpora una acción, una valoración y una circunstancia concreta.
Cuanta más información contiene la pregunta, mayor es el riesgo de que la respuesta no permita distinguir con claridad qué elementos procedían originalmente del recuerdo.
También pueden resultar problemáticas las preguntas que ofrecen alternativas incompletas:
- “¿Fue en el dormitorio o en el baño?”;
- “¿te tocó por encima o por debajo de la ropa?”;
- “¿tenías miedo o estabas muy triste?”.
Estas formulaciones presuponen que el hecho ocurrió y solicitan únicamente precisar alguno de sus detalles.
El menor puede responder dentro del marco proporcionado incluso cuando su recuerdo inicial era más ambiguo o diferente.
La repetición como mensaje implícito
Repetir una pregunta puede parecer una estrategia razonable cuando la respuesta del menor resulta poco clara. Sin embargo, para el niño, la repetición puede transmitir que su primera contestación fue incorrecta.
En consecuencia, puede modificarla con el objetivo de satisfacer al adulto.
Este fenómeno resulta especialmente relevante cuando varias personas preguntan por los mismos hechos en momentos distintos. La reiteración puede consolidar ciertos elementos del relato, no necesariamente porque sean más exactos, sino porque han sido evocados, comentados y reformulados con mayor frecuencia.
Con el paso del tiempo, puede resultar difícil diferenciar entre:
- lo directamente recordado;
- lo respondido ante una pregunta;
- lo escuchado posteriormente;
- y lo repetido en conversaciones sucesivas.
Las reacciones emocionales del adulto
La influencia no se produce únicamente mediante preguntas. Las reacciones del adulto también pueden orientar la comunicación.
Mostrar sorpresa, alarma, alivio, enfado o aprobación ante determinadas respuestas proporciona al menor información sobre cómo se valora aquello que está diciendo.
Una respuesta puede reforzarse mediante expresiones como:
- “ahora sí me estás contando la verdad”;
- “sabía que había pasado algo”;
- “muy bien por decírmelo”;
- o “piénsalo mejor, seguro que recuerdas algo más”.
Algunas de estas expresiones pueden tener una finalidad de apoyo. Sin embargo, también establecen una relación entre determinada versión del relato y la aceptación emocional del adulto.
El menor puede aprender qué tipo de información genera protección, atención o aprobación, sin que exista una decisión consciente de mentir.

Expectativas previas y selección de información
La sugestión no intencional puede comenzar antes de la primera conversación directa con el menor.
Cuando un adulto interpreta previamente ciertos comportamientos como señales de un hecho concreto, puede prestar mayor atención a cualquier elemento compatible con esa hipótesis.
Frases ambiguas, dibujos, pesadillas o resistencias cotidianas pueden adquirir un significado específico dentro del marco interpretativo del adulto.
A partir de ese momento, las preguntas pueden orientarse hacia la confirmación de la explicación inicial.
La información que no encaja puede recibir menos atención, mientras que los detalles compatibles se recuerdan, comentan y transmiten a otros profesionales.
Este proceso no exige mala fe. Puede desarrollarse mediante mecanismos ordinarios de confirmación de expectativas.
Cuando varias conversaciones construyen una narrativa común
La influencia aumenta cuando la información circula entre distintos adultos antes de realizar una entrevista forense adecuada.
Un progenitor puede hablar con un docente, este con otro familiar y posteriormente todos con el menor. Cada conversación puede añadir interpretaciones, preguntas o detalles.
De esta forma, la narrativa deja de ser exclusivamente individual y comienza a construirse dentro de un sistema interpersonal.
Cuando finalmente se recoge el relato formal, algunos elementos pueden haber sido:
- preguntados previamente;
- comentados delante del menor;
- reinterpretados por diferentes adultos;
- o incorporados mediante conversaciones repetidas.
El error de confundir influencia con invención
Detectar condiciones sugestivas no significa demostrar que todo el relato ha sido creado externamente.
La influencia puede afectar a determinados detalles sin alterar otros. También puede modificar la seguridad con la que se expresa una información, la organización narrativa o la incorporación de interpretaciones posteriores.
Por ello, no resulta metodológicamente adecuado formular una alternativa extrema entre recuerdo completamente puro y relato completamente fabricado.
En muchos casos, pueden coexistir:
- experiencias auténticamente recordadas;
- lagunas o imprecisiones;
- información sugerida;
- inferencias del menor;
- y elaboraciones posteriores.
El análisis debe identificar, en la medida de lo posible, qué partes del relato cuentan con mayor independencia respecto a las intervenciones adultas.
La importancia de las primeras manifestaciones
Las primeras expresiones disponibles suelen adquirir especial relevancia porque se encuentran menos expuestas a conversaciones posteriores.
Sin embargo, tampoco deben considerarse automáticamente puras o neutrales. Es necesario conocer cómo surgieron, qué pregunta las precedió, quién estaba presente y cómo reaccionó el adulto.
Una frase infantil aislada puede ser ambigua y adquirir un significado más definido únicamente después de la interpretación adulta.
Por ello, conviene diferenciar entre:
- las palabras exactas del menor;
- la descripción que el adulto hace de ellas;
- y la interpretación añadida posteriormente.
En muchas ocasiones, los informes recogen conclusiones del adulto en lugar de reproducir con precisión la expresión original.
Esta diferencia puede resultar decisiva para analizar el desarrollo posterior del relato.
La contaminación entre entrevistas
Cuando un menor ha hablado repetidamente sobre los hechos antes de una exploración especializada, el evaluador debe considerar la posible contaminación de la memoria y de la narrativa.
No siempre será posible determinar qué información apareció de forma independiente y cuál se incorporó después.
Por ello, resulta fundamental reconstruir:
- cuántas conversaciones tuvieron lugar;
- quién realizó las preguntas;
- qué contenido se introdujo;
- si existieron refuerzos o correcciones;
- y cómo evolucionó el relato entre las distintas versiones.
La falta de registro de estas conversaciones limita significativamente las conclusiones que pueden formularse.
El problema no reside únicamente en que haya existido influencia, sino en que no pueda delimitarse su alcance.
Errores frecuentes en la práctica pericial
Entre los errores más habituales se encuentra atribuir neutralidad automática a los adultos por su relación afectiva o profesional con el menor.
También resulta problemático:
- ignorar las conversaciones previas;
- analizar solo la versión final del relato;
- asumir que la repetición aumenta necesariamente la fiabilidad;
- considerar que la ausencia de intención manipuladora elimina la sugestión;
- o interpretar cualquier influencia como demostración de falsedad.
Estos errores simplifican un proceso comunicativo complejo y pueden conducir tanto a sobrevalorar como a descartar indebidamente el relato.
La evaluación rigurosa exige evitar ambos extremos.
Diferenciar apoyo emocional y exploración de hechos
El menor puede necesitar apoyo emocional después de comunicar una experiencia preocupante. Sin embargo, apoyar no implica investigar de manera reiterada.
El adulto puede escuchar, transmitir seguridad y evitar culpabilizar sin formular preguntas detalladas sobre el contenido.
La exploración de hechos debería realizarse mediante procedimientos adecuados, con preguntas abiertas y evitando introducir información innecesaria.
Esta distinción protege tanto el bienestar del menor como la calidad de la información obtenida.
Cuando las funciones de apoyo e investigación se mezclan, el adulto puede terminar influyendo precisamente mientras intenta ayudar.
Cómo debería abordarse el análisis forense
La valoración de la sugestión no intencional requiere estudiar el proceso completo de formación del relato.
No basta con analizar la declaración final. Es necesario conocer:
- cómo apareció la primera información;
- qué conversaciones se produjeron después;
- qué preguntas fueron formuladas;
- qué reacciones recibió el menor;
- y qué cambios se observan entre las distintas versiones.
También conviene identificar qué detalles aparecieron antes de ser mencionados por terceros y cuáles surgieron después de conversaciones dirigidas.
Las conclusiones deben expresarse con prudencia. En muchos casos podrá afirmarse que existieron condiciones potencialmente influyentes, pero no determinar con certeza el efecto exacto que tuvieron sobre cada elemento del relato.
Conclusión: la influencia no requiere intención
La comunicación entre un adulto y un menor siempre se produce dentro de una relación marcada por expectativas, autoridad y necesidades emocionales.
El principal riesgo de la sugestión no intencional consiste en pensar que solo existe influencia cuando alguien pretende manipular conscientemente el relato.
Un adulto puede actuar desde la preocupación, el afecto o el deseo de proteger y, aun así, introducir información, reforzar determinadas respuestas o favorecer una narrativa concreta.
Reconocer esta posibilidad no supone acusar al adulto ni invalidar automáticamente al menor. Supone analizar con rigor cómo se obtuvo la información, qué condiciones pudieron influir y hasta dónde permite llegar la evidencia disponible.
En evaluación forense, la intención del adulto y el efecto de su intervención deben estudiarse como cuestiones diferentes.

